Contexto: una temporada de resultados bancarios que ya había dejado claro quién gana con qué
La temporada de resultados del tercer trimestre de 2026 en el sector financiero estadounidense llevaba ya diez días de recorrido cuando American Express presentó sus cifras el viernes 23 de octubre. El guion hasta entonces había sido bastante consistente: Goldman Sachs pulverizó el consenso el 13 de octubre apoyada en trading y banca de inversión, JPMorgan decepcionó ligeramente por un cargo contable puntual, y Morgan Stanley bató expectativas pero con un enfriamiento secuencial frente a su propio récord del segundo trimestre. En todos esos casos, el denominador común era la exposición a mercados de capitales y tipos de interés, no al consumidor final.
American Express pertenece a una categoría distinta dentro del propio sector financiero: no es un banco de depósitos ni una casa de inversión, sino a la vez una red de pagos y un emisor de tarjetas centrado casi en exclusiva en el segmento de clientes afluentes y empresas. Esa base de clientes —hogares con ingresos altos y gasto discrecional elevado— es precisamente la que, según el consenso de analistas, debía sostener el crecimiento de la compañía incluso en un trimestre en el que otros indicadores del consumo estadounidense, como el informe de empleo de septiembre o la lectura de IPC conocida a mediados de octubre, apuntaban a un consumidor medio bajo presión. La pregunta de fondo que el mercado quería responder el 23 de octubre era si esa resiliencia del gasto premium seguía intacta tras tres trimestres consecutivos de guía anual congelada.
El dato concreto, verificado: 3.700 millones de beneficio, un BPA ajustado de 4,68 dólares y guía al alza por primera vez en el año
American Express publicó sus resultados del tercer trimestre de 2026 antes de la apertura del mercado del 23 de octubre, recogidos en su comunicado ante la SEC (Formulario 8-K). La cifra de titular es llamativa pero engañosa si se lee sin matices: el beneficio neto fue de 3.700 millones de dólares, frente a 2.900 millones un año antes, con un BPA (GAAP) de 5,42 dólares, un 31% más que los 4,14 dólares del tercer trimestre de 2025. Ese salto, sin embargo, incluye una ganancia extraordinaria antes de impuestos de 982 millones de dólares por la venta de la participación de la compañía en Global Business Travel Group, parcialmente compensada por un cargo de reestructuración de 336 millones. Descontando ambos efectos, el beneficio neto ajustado fue de 3.200 millones de dólares y el BPA ajustado de 4,68 dólares —la cifra que de verdad hay que comparar con el consenso de analistas, que según la casa de datos consultada se situaba entre 4,47 y 4,60 dólares (Zacks y Benzinga, respectivamente). El resultado ajustado bate ambas estimaciones y representa un crecimiento interanual del 13% frente a los 4,14 dólares del tercer trimestre de 2025.
Los ingresos totales netos de gastos por intereses alcanzaron los 20.100 millones de dólares, un 9% más que un año antes, impulsados por un mayor gasto de los titulares de tarjeta, mayores ingresos por intereses netos ligados al crecimiento de los saldos de tarjeta, y un fuerte crecimiento de las cuotas de tarjeta (muchas de las tarjetas premium de Amex cobran una cuota anual elevada, una fuente de ingresos recurrente y predecible que ha ido creciendo a medida que la compañía refresca sus productos Platinum y Gold). El volumen de negocio facturado (billed business) llegó a 454.000 millones de dólares, un 8% más interanual, con el desglose mostrando un crecimiento del 7% en Goods & Services, del 10% en Travel & Entertainment, del 9% en el negocio de consumo estadounidense y del 11% en el negocio internacional de tarjetas —este último, el segmento que más crece, de nuevo.
No es un dato aislado: es la continuación de una racha. Así ha evolucionado el BPA ajustado de American Express trimestre a trimestre a lo largo de 2025 y 2026:
BPA ajustado de American Express por trimestre, 2025 vs 2026 (USD por acción)
Comunicados de resultados de American Express (Formularios 8-K, SEC), 1T-3T de 2025 y 2026
El crecimiento interanual fue del 17,6% en el primer trimestre, del 11% en el segundo y del 13% en este tercero —tres trimestres consecutivos de crecimiento de doble dígito en el beneficio por acción, en un contexto macro en el que el consenso llevaba meses anticipando cierto deterioro del consumo estadounidense. La compañía, además, elevó su guía de BPA ajustado para el conjunto de 2026 a una horquilla de 17,60-17,90 dólares (equivalente a 18,30-18,60 dólares en términos GAAP), frente a los 17,30-17,90 dólares que había mantenido sin cambios desde la guía inicial de enero. Es una revisión modesta en términos absolutos —sube el extremo inferior de la horquilla 30 centavos— pero significativa en lo simbólico: es la primera vez en el año que American Express mueve esa cifra, después de haber optado por reinvertir el exceso de beneficio en marketing y tecnología en los dos trimestres anteriores en lugar de subir la guía.
Guía de BPA ajustado de American Express para el conjunto de 2026 (punto medio de la horquilla, USD)
Comunicados de resultados de American Express (Formularios 8-K, SEC): guía inicial del 30 de enero, resultados del 1T (23 abr), 2T (24 jul) y 3T (23 oct) de 2026
Análisis por sector/activo: por qué el consumidor premium sigue siendo el mejor amigo de Amex
La calidad del crédito mejora, no se deteriora, justo cuando el consenso esperaba lo contrario. Las provisiones para pérdidas por créditos cayeron a 1.000 millones de dólares en el trimestre, frente a 1.300 millones un año antes —una reducción del 23%—, y la morosidad de más de 90 días se situó en el 0,3% de la cartera a 30 de septiembre de 2026, frente al 0,4% de un año antes. Para un emisor de tarjetas, estas dos cifras son más relevantes que el titular del BPA: indican que, al menos en la base de clientes de Amex, no hay señales de que el deterioro del mercado laboral visible en el informe de empleo de septiembre —con un dato de creación de empleo que decepcionó a la Reserva Federal— se esté trasladando a impagos de tarjeta. Es la confirmación, trimestre tras trimestre, de la tesis central de la compañía: un cliente con ingresos altos y patrimonio diversificado amortigua mucho mejor un enfriamiento del mercado laboral que el consumidor medio.
El contraste con la banca de inversión de Wall Street (Goldman Sachs, Morgan Stanley) es revelador sobre qué está impulsando realmente los beneficios del sector financiero este trimestre. Esos bancos dependen de la actividad de trading y de fusiones y adquisiciones, una fuente de ingresos volátil que se disparó con la subida de las rentabilidades de la deuda pública a máximos de 2007 y que, como mostró la propia Morgan Stanley, puede enfriarse de un trimestre a otro sin que eso signifique nada malo. American Express, en cambio, depende del gasto recurrente de sus clientes y de las cuotas anuales de sus tarjetas —una fuente de ingresos mucho más predecible, que crece de forma más lineal pero que también es más lenta de acelerar en un buen momento de mercado. Para un inversor, esto se traduce en perfiles de riesgo distintos dentro del mismo sector: Amex se parece más a una acción "growth" defensiva de consumo premium que a un banco de inversión tradicional.
El sector de medios de pago en su conjunto queda en el radar los próximos días. Visa —que no emite tarjetas de crédito propias, pero cuya red procesa buena parte del mismo gasto de consumo que alimenta a Amex— reporta sus resultados del cuarto trimestre fiscal de 2026 el 27 de octubre. Si Visa confirma un crecimiento de volumen de pagos similar al 8% de billed business que ha mostrado Amex, reforzaría la lectura de que el gasto con tarjeta en Estados Unidos sigue firme en el segmento de rentas medias-altas, aunque sea más débil en la parte baja de la distribución de ingresos —la narrativa de "economía en K" que ya ha aparecido en la cobertura de otros datos macro de este mes.
Renta fija corporativa y deuda de Amex: una mejora de la morosidad y una reducción de las provisiones para pérdidas son, casi siempre, una buena noticia para los tenedores de la deuda corporativa de la compañía, al reducir el riesgo de que el deterioro de la cartera de crédito presione los márgenes futuros; no es casualidad que la propia compañía haya podido reinvertir el exceso de beneficio en marketing en lugar de destinarlo a reforzar provisiones.
Qué vigilar a continuación
- Visa, 27 de octubre: resultados de su cuarto trimestre fiscal y del conjunto del año fiscal 2026, el mejor termómetro inmediato de si el gasto con tarjeta en EE.UU. se mantiene firme fuera de la base de clientes específicamente premium de Amex.
- La reunión de la Fed del 27-28 de octubre: cualquier señal sobre el ritmo de recortes de tipos en 2027 afecta directamente al coste de financiación de las carteras de tarjeta y, de forma indirecta, al apetito de gasto discrecional de los hogares de renta alta que son el núcleo del negocio de Amex.
- Intel y Comcast, 29 de octubre: no están relacionados directamente con medios de pago, pero sus resultados —junto con el resto de grandes tecnológicas que reportan esa misma semana— marcarán el tono del mercado en los últimos días de octubre, un factor que puede influir en el apetito inversor por acciones de consumo premium como Amex, que suele moverse con cierta correlación al sentimiento general de mercado a pesar de sus fundamentales defensivos.
- La publicación del informe de cuentas por cobrar del cuarto trimestre: si la morosidad y las provisiones siguen mejorando pese a los datos de empleo más débiles de los últimos meses, sería la confirmación más clara de que la segmentación por renta del consumidor estadounidense está protegiendo a los emisores de tarjetas premium de un ciclo de crédito más duro que el que afrontan los emisores de tarjetas de marca más generalista.
Paralelismo histórico: la resiliencia del cliente afluente ya se puso a prueba antes
No es la primera vez que el mercado teme que el deterioro de un indicador macro amplio —empleo, inflación, confianza del consumidor— se traslade de forma automática a los emisores de tarjetas de crédito. Durante el ciclo de subidas de tipos de la Fed de 2022-2023, el consenso de analistas anticipaba de forma generalizada un deterioro significativo de la calidad del crédito en tarjetas a medida que el coste de financiación se disparaba; Amex, apoyada en la misma base de clientes afluentes que hoy, reportó entonces tasas de morosidad que se mantuvieron sustancialmente por debajo de las de la media del sector, y su cotización, aunque volátil, recuperó terreno con fuerza en cuanto quedó claro que el temido deterioro generalizado del crédito al consumo no se materializaba en su cartera. El patrón de este tercer trimestre de 2026 —provisiones a la baja y morosidad mejorando mientras otros datos del consumo estadounidense se debilitan— sugiere que esa misma dinámica de segmentación por renta sigue vigente, aunque la lección para el inversor sigue siendo la misma de entonces: la resiliencia de la base de clientes premium de Amex no garantiza que el resto del sector de tarjetas de crédito, mucho más expuesto a la renta media y baja, esté viviendo la misma foto.
